viernes, 17 de diciembre de 2010

SOLO HA PODIDO PASAR EN EL SALVADOR

Imagen propia: lapaginadelabogado.tk
A principios de la década de 1990, entró con relativa fuerza un fenómeno social, vinculado a la realidad que en ese entonces vivían nuestros hermanos en el extranjero: las maras (Agrupaciones juveniles, cuyo objetivo primordial y mayoritariamente, era llamar la atención)
Eventualmente comienzan a brotar grupos y subgrupos, copiando el formato estadounidense, por calles, por nacionalidad o por regiones: Una muy particular forma de vestir, llevar tatuajes alusivos al grupo e identificarse con un nombre organizacional, hacía un tanto atractiva la idea de entrar, para aquellos jóvenes que entonces se encontraban un tanto desorientados.
Aunado a todo esto, un serio compromiso con algo que no era nada serio, sino todo lo contrario, estaba lleno de rebeldía, de malcriadez y de insolencia, hizo del fenómeno una moda entre jóvenes que oscilaban en los 14 y los 16 años.
Poco a poco esos jóvenes fueron creciendo y teniendo nuevas y diferentes necesidades, recibieron instrucción de otros que traían información del “norte” sobre cómo se llevan las cosas allá: entonces fueron aprendiendo de drogas y negocios ilícitos, como servir de camellos para los grandes narcotraficantes de aquí y de por allá.
Ya entrados en esos negocios, comienzan las diferencias entre grupos y las purgas inter pandilleriles. Así, entre estos grupos, había miembros que se convirtieron en clientes frecuentes de los hospitales y los funerales eran aún más frecuentes… y en esa guerra provocaban muertes de personas que no pertenecían a los grupos en pugna.
Ante esta situación, los gobiernos areneros, reaccionaron creando leyes… a finales de la década de 1990, la Ley Especial contra la Violencia y el Crimen Organizado, de ingrata recordación… no resolvió el problema, por el contrario, reunió en los centros penitenciarios a personas que andaban en ese asunto, pero por distracción y que no cometían delitos y los empujaron a cometerlos… es decir, casi todo joven era sospechoso de ser miembro de maras, sobre todo los que habitaban en zonas marginales. En San Miguel, la colonia Milagro de la Paz, la Presita 1, colonia Los Ángeles de la línea férrea, entre otras.
Cada vez que se aproximaba un proceso eleccionario, especialmente si se trataba de elecciones presidenciales, salía el tema a discusión: Había que dar seguridad a las familias salvadoreñas, haciendo leyes para combatir la delincuencia y en esa línea, se llegó a las famosas manos duras y super duras, que trajeron como principal consecuencia, la profesionalización de sectores que hasta ese momento se dedicaban a delitos menores… a partir de eso, se fortalecieron las extorsiones (A escala industrial) y los homicidios vinculados al cobro de la renta.
Ya en el año 2009 – 2010, con un gobierno, presunta y aparentemente de izquierda, se da la militarización de la sociedad, para vigilar toda actividad sospechosa y someter a escrutinio ¿A quién creen? Pues sí, como siempre, a los habitantes de aquellas mismas zonas marginales del país… al que compra $ 100.00 USD en alguna sustancia ilegal, para venderla menudeada en alguna zona “caliente”, que casi todos saben donde están, pero nadie dice nada, porque no sirve de nada…
Esto ha generado que el militarismo, muy al estilo la década de 1980, se tome calles, se “encuartelen” en casas y cierren ciertos tramos de calle, para evitar que los delincuentes hagan detonar algún coche bomba fuera de sus cuarteles… al estilo la pasada guerra civil.
Esto solo ha podido ocurrir en El Salvador…

Imagen propia: lapaginadelabogado.tk